martes, 15 de julio de 2014

Municipalismo político y social o de gestión.

No cabe duda de que el debate y la acción en los colectivos de izquierda en Asturias pasaba en 2014 por dos temas cruciales:
La autoorganización como alternativa política eficaz, y
La definición de una línea de actuación en los concejos que reactivase el tejido participativo, político y social y no tanto situarse en el poder local.

Ambos aspectos estaban interrelacionados y tenían unos hitos muy claros a corto plazo: el proceso de convergencia, al tiempo que se estructuran alternativas para las convocatorias electorales inmediatas.
El nivel de participación real de la ciudadanía, y el modelo resultante, sumarían o restarían apoyo popular (y/o electoral en su momento) y condicionaría el trabajo en el ámbito local, marcado por la convocatoria de elecciones municipales y autonómicas en mayo de 2015.

Toda la labor que se desarrollase, desde el ámbito local tendría efectos en los resultados que se obtengan en las elecciones generales, partiendo del supuesto de que se presentarían candidaturas de unidad popular, después de consultar a nuestros vecinos por todos los medios disponibles (asambleas públicas, redes sociales y en la calle).

¿Qué hacer? ¿Por dónde empezar?
Por coherencia política la herramienta clave, y a la vez bandera, era y es la participación ciudadana, desde el tejido asociativo (bastante débil y condicionado en general) hasta los instrumentos formales que dan los ayuntamientos (Estatutos de participación ciudadana) sin olvidar modelos alternativos.
Se trataría de hacer visibles las contradicciones, las irregularidades y la ineficiencia de la gestión de los partidos gobernantes en los ayuntamientos y Principado, sin olvidar a oposiciones complacientes.

Nada más plantearse una posible estrategia de acción, nos encontramos con serias limitaciones, de falta de conocimientos y experiencia municipal.

Este problema se podía afrontar desde dos perspectivas complementarias:
la incorporación o colaboración  de vecinos con experiencia y/o conocimientos,
y la labor elaborativa, de formación y asesoramiento de un grupo de expertos que trabaje los aspectos más técnicos y legales (de gestión).

Lo contrario de la extensión de la participación activa, aún con unos resultados buenos y la conquista de poder político local; deja la iniciativa a los tecnocratas profesionales, por falta de preparación y experiencia política de los concejales electos.

La estrategia política común y el marco organizativo debió debatirse en profundidad a nivel local, con una síntesis periódica colectiva que recogiese propuestas, aclarase dudas y lo reenviase al ámbito local, teniendo en cuenta el calendario establecido, para hacer eficaz el proceso asambleario y participativo.

Se trataba de avanzar trabajo para tomar decisiones cuando correspondiese, con conocimiento de causa; sin esperar y depender exclusivamente de programas elaborados por grupos reducidos de expertos, por muy cortos que sean los plazos y muy brillantes que sean los expertos.
La presencia activa en los concejos, recogiendo y encauzando reivindicaciones populares con perspectiva política, reforzaría la posición popular local; e interna, para el conjunto de la organización política alternativa a desarrollar. 
Y marcaría un estilo que pretendía ser democrático, abierto y participativo, … para  apartar a quienes venían pensando en un sillón.

Cuando, llegado el momento, se tubiesen responsabilidades de gestión, como gobierno o como oposición, en Concejos y Principado se afrontaría el trabajo institucional, con mecanismos de control democrático estrictos y plurales.
Si estos no existen, o se quieren aparentar desde dinámicas seudoasamblearias, cada vez más reducidas y sin contenido efectivo, el retroceso a formas de amiguismo y clientelismo tradicional, de fieles aplaudidores se implantará rápidamente bloqueando la participación ciudadana efectiva.